jueves, 29 de septiembre de 2011

El purgatorio



El pueblo apareció de la nada, en serio. Creo que es lo único serio que he dicho en la noche. De pronto la neblina se levantó y aparecieron las luces. Fue un alivio. Llevaba horas de manejo por una ruta infinita y sin variaciones, sólo pastos, tierra plana y un invariable desierto hacia los lados de la banquina.

¿Cómo era?

Un típico poblado de la llanura pampeana, me imagino que los conoce: una rotonda de acceso con ruedas de carretas pintadas de rojo o un viejo sulky restaurado, hogar frecuente de palomas decorado con caca de gorriones y nidos de alimañas. Nunca entendí cuál era la idea de estacionar trastos viejos en la entrada de un pueblo. Anuncia anquilosamiento. O falta de originalidad, usted elige.

Como le decía, el pueblo apareció de la nada. La densa neblina que me había hecho aminorar la marcha, se levantó de pronto y desnudó una noche negra, con estrellas brillantes. No me pregunte el nombre. No lo recuerdo. Lo cierto es que no dudé: torcí a la derecha y atravesé la hilera de eucaliptos, que flanqueaba la avenida dividida con unos canteros circulares, sin plantas.

Cuando la avenida llegaba a su fin y se topaba con la plaza, noté qué era lo que me incomodaba: los canteros. Estaban abandonados, un abandono de años le diría. En el centro de la plaza había un típico monumento al Libertador, esos en que señala a Chile. ¿Me está escuchando? Pareciera que no, pero no importa. ¿Otro trago? Bueno le acepto el convite, pero podría decir algo en vez de señalarme el botellón de ginebra. Y no sonría que me pongo incómodo.

Usted me recuerda a mi abuelo. El pobre fue uno de los tantos que hizo patria en este país. Plantó un rancho en el medio de la pampa y le puso el pecho a la adversidad. Juraba, aunque yo nunca le creí, que había sido testigo de varios malones y que era impresionante el regreso de los indios a las tolderías, con incontables animales que aplastaban todo a su paso y convertían la tierra en un tembladeral de cascos y pisadas. “Y ¡Guay! del que se cruzara en su camino”, repetía.

Sabe, creo que mientras conducía hacia aquí hubo un momento en que me dormí. Me sabe pasar, cabeceo un rato y dormito unos segundos. En mi sueño aparecía en la llanura y veía con los ojos del abuelo —aunque sabía que no era él— como la tierra y el atardecer se chocaban en el horizonte. De aquella emotiva comunión nacía una polvareda que se convertía en una caballada desbocada, un tropel de animales que me arrollaban y me dejaban tendido boca abajo sobre los pastos húmedos.

Entonces desperté. Abrí los ojos y la neblina pareció disiparse. Y descubrí las luces del poblado. A propósito: ¿No hay demasiados habitantes, No? Y el nombre ¿a quién se le ocurrió ponerle ese nombre? Sólo falta, como contaba Dante, que usted crea que esta sed insaciable es el precio que pago por mi profesión.

¿Le hablé de mi profesión? Vendedor. De seguros, telefonía celular, terrenos públicos, quimeras, mentiras, lo que usted quiera. Porque si no lo sabe, en toda venta hay un instante mágico, un momento que yo llamo ilusión, donde lo ofrecido es irremplazable. ¿No me cree?; ¿Qué necesita para ser feliz? Sabrá que la felicidad no existe, pero puedo venderle unas migajas. Y a buen precio, ¿eh?

Quite esa mueca. Si no fuera por este dolor insoportable de cabeza podría venderle un seguro de vida ¿Usted no pensó en el futuro? Al ver su semblante, parece que no. Y desvíe esa mirada de perro apaleado. ¿Me da otra ginebra?, alimenta mi lengua suelta, más que de costumbre me parece.

¿Oiga, dónde puedo pasar la noche?; espero que no sea esa pocilga que vi frente al bar. ¿Qué quiere?; ¿Qué lo acompañe fuera? Bueno, espere que termine el trago. ¿Qué pasa allá? ¿Otra vez la neblina?; hay que admitirle cierta una belleza furtiva. Mire, se disipa. Vea, hay un coche volcado. ¿Y ese hombre boca abajo?

Publicado por Horacio

6 voces opinan:

  1. Muy bueno Horacio. Se huele a viaje, ginebra, campo, pampa, recuerdos. Si me permitís el atrevimiento, podría decir que se podría llamar "Vuelta a la tierra plana", me tomo el atributo. Saludos y abrazo grande

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  2. Ese hombre boca abajo sos vos que va y viene entre los planos. Excelente escrito.

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  3. será así???
    impresionante relato... de esos que al final sentís que tenés que volver a leer!
    gracias por publicarlo

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  4. Muy buen texto, Horacio, me hizo desea viajar... en todos los sentidos de la palabra. El final, magnífico.
    HD

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  5. Muy buen relato. Me encantó. Nos paseate por donde quisiste y nos noqueaste de un solo golpe.

    Un abrazo, maestro.

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  6. Me gustan los sabores, los olores y las palabras.
    Un hermoso cuento.

    besos viajeros

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