
El pueblo apareció de la nada, en serio. Creo que es lo
único serio que he dicho en la noche. De pronto la neblina se levantó y
aparecieron las luces. Fue un alivio. Llevaba horas de manejo por una ruta
infinita y sin variaciones, sólo pastos, tierra plana y un invariable desierto
hacia los lados de la banquina.
¿Cómo era?
Un típico poblado de la llanura pampeana, me imagino que los
conoce: una rotonda de acceso con ruedas de carretas pintadas de rojo o un
viejo sulky restaurado, hogar frecuente de palomas decorado con caca de
gorriones y nidos de alimañas. Nunca entendí cuál era la idea de estacionar
trastos viejos en la entrada de un pueblo. Anuncia anquilosamiento. O falta de
originalidad, usted elige.
Como le decía, el pueblo apareció de la nada. La densa
neblina que me había hecho aminorar la marcha, se levantó de pronto y desnudó
una noche negra, con estrellas brillantes. No me pregunte el nombre. No lo
recuerdo. Lo cierto es que no dudé: torcí a la derecha y atravesé la hilera de
eucaliptos, que flanqueaba la avenida dividida con unos canteros circulares,
sin plantas.
Cuando la avenida llegaba a su fin y se topaba con la plaza,
noté qué era lo que me incomodaba: los canteros. Estaban abandonados, un
abandono de años le diría. En el centro de la plaza había un típico monumento
al Libertador, esos en que señala a Chile. ¿Me está escuchando? Pareciera que
no, pero no importa. ¿Otro trago? Bueno le acepto el convite, pero podría decir
algo en vez de señalarme el botellón de ginebra. Y no sonría que me pongo
incómodo.
Usted me recuerda a mi abuelo. El pobre fue uno de los
tantos que hizo patria en este país. Plantó un rancho en el medio de la pampa y
le puso el pecho a la adversidad. Juraba, aunque yo nunca le creí, que había
sido testigo de varios malones y que era impresionante el regreso de los indios
a las tolderías, con incontables animales que aplastaban todo a su paso y
convertían la tierra en un tembladeral de cascos y pisadas. “Y ¡Guay! del que
se cruzara en su camino”, repetía.
Sabe, creo que mientras conducía hacia aquí hubo un momento
en que me dormí. Me sabe pasar, cabeceo un rato y dormito unos segundos. En mi
sueño aparecía en la llanura y veía con los ojos del abuelo —aunque sabía que
no era él— como la tierra y el atardecer se chocaban en el horizonte. De
aquella emotiva comunión nacía una polvareda que se convertía en una caballada
desbocada, un tropel de animales que me arrollaban y me dejaban tendido boca
abajo sobre los pastos húmedos.
Entonces desperté. Abrí los ojos y la neblina pareció
disiparse. Y descubrí las luces del poblado. A propósito: ¿No hay demasiados
habitantes, No? Y el nombre ¿a quién se le ocurrió ponerle ese nombre? Sólo
falta, como contaba Dante, que usted crea que esta sed insaciable es el precio
que pago por mi profesión.
¿Le hablé de mi profesión? Vendedor. De seguros, telefonía
celular, terrenos públicos, quimeras, mentiras, lo que usted quiera. Porque si
no lo sabe, en toda venta hay un instante mágico, un momento que yo llamo
ilusión, donde lo ofrecido es irremplazable. ¿No me cree?; ¿Qué necesita para
ser feliz? Sabrá que la felicidad no existe, pero puedo venderle unas migajas.
Y a buen precio, ¿eh?
Quite esa mueca. Si no fuera por este dolor insoportable de
cabeza podría venderle un seguro de vida ¿Usted no pensó en el futuro? Al ver
su semblante, parece que no. Y desvíe esa mirada de perro apaleado. ¿Me da otra
ginebra?, alimenta mi lengua suelta, más que de costumbre me parece.
¿Oiga, dónde puedo pasar la noche?; espero que no sea esa
pocilga que vi frente al bar. ¿Qué quiere?; ¿Qué lo acompañe fuera? Bueno,
espere que termine el trago. ¿Qué pasa allá? ¿Otra vez la neblina?; hay que
admitirle cierta una belleza furtiva. Mire, se disipa. Vea, hay un coche
volcado. ¿Y ese hombre boca abajo?
Publicado por Horacio
Publicado por Horacio
Muy bueno Horacio. Se huele a viaje, ginebra, campo, pampa, recuerdos. Si me permitís el atrevimiento, podría decir que se podría llamar "Vuelta a la tierra plana", me tomo el atributo. Saludos y abrazo grande
ResponderSuprimirEse hombre boca abajo sos vos que va y viene entre los planos. Excelente escrito.
ResponderSuprimirserá así???
ResponderSuprimirimpresionante relato... de esos que al final sentís que tenés que volver a leer!
gracias por publicarlo
Muy buen texto, Horacio, me hizo desea viajar... en todos los sentidos de la palabra. El final, magnífico.
ResponderSuprimirHD
Muy buen relato. Me encantó. Nos paseate por donde quisiste y nos noqueaste de un solo golpe.
ResponderSuprimirUn abrazo, maestro.
Me gustan los sabores, los olores y las palabras.
ResponderSuprimirUn hermoso cuento.
besos viajeros