Muera el perro, dijo el 18. Muera el hombre que se parapeta en su pequeña felicidad de plástico con su heladera tevé a colores y el jardín.
"Heste Oliveira con sus inquietudes", dicen que decía mi padre, hace tiempo.
Bueno che, después de todo tan loco no estaba pese al golpazo que se dio cuando se cayó de la ventana, mientras miraba la rayuela. A propósito, desde pequeña me atraen los juegos y las cosas inútiles, papeles que levanto del suelo, sueños atrapados en un puño y que recuerdan un tiempo lejano en París. Babs, me dijo una vez (nunca supe como se enteró de mi existencia) que mamá luego de la muerte de Rocamadour, se dio cuenta que estaba embarazada. Pobre vieja, pensaba que Horacio volvería como esas veces que se encontraban por azar vagando por París. París, no recuerdo nada, sólo noches tristes de internado y viejas amargadas que nos maltrataban con gusto.
Hasta que escapé.
Rumbo a Buenos Aires. Buenos Aires, siempre sonando en mi cabeza, paladeando las palabras y buscando mi paraíso perdido. Un lugar con ese nombre debía ser el paraíso. Y aquel nombre evitó que muriese de tristeza. Un día una mujer demacrada y con voz cansina me dijo que había sido amiga de mamá.
Y así apareció Babs y se convirtió en mi único familiar porque La Maga me dejó en el orfanato a los tres días de mi nacimiento.
Nadie sabe qué pasó con ella. "la rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar de casilla en casilla y casi nunca llegamos al cielo". De algún sitio se me ocurrieron esas ideas y juego, siempre juego a la rayuela que esconde un misterio que sólo yo conozco o creo conocer, el sonido de las hojas secas en el otoño, o la mirada de Morelli, mi gato negro que alguien dejó un día en mi cama mientras dormía.
Hace frío, mucho frío. Luego de largos cavileos, me decidí. Acepté el consejo de Talita y he venido a buscar a mi padre. ¿Cómo será él?. La escala en Montevideo fue triste entre callejuelas oscuras y caminatas por la rambla. Ya veo las luces del puerto.
Buenos Aires es como pensaba.
Horacio, me extraña, dejate de joder con sentimentalismos baratos. Hijos con la Maga , por favor. Más vale que salgas rápido de esta cama y vuelvas al manicomio. ¿Quién te viera ahora añorando cosas mundanas? ¿O será que las cosas mundanas serán parte del kibutz?
¿Dónde quedó el kibutz? Tender nuevos puentes para llegar allá. Quizá sólo haya destellos débiles y sólo nos reste seguir jugando a la rayuela.
Decididamemte el golpe en la cabeza te hizo mal, aunque la pieza llena de rulemanes, hilos y palanganas de agua, más la expresión de Manú, al entrar fue muy cómico.
Manú, pobre tipo, aguantar a un tarado como yo. En el fondo somos como espejos, pero el se salva porque la tiene a ella (tan parecida a veces).
Bueno che, llegó la hora de los sentimentalismos. Radioteatros baratos y conocidos. Lágrimas rodando por mis hojos. Corazón hinquieto y hatormentado. Oliveira dixit.
Espero que no se termine la yerba porque estoy frito. Es al pedo, mi único diálogo verdadero sigue siendo con este jarrito verde. La puta, como me duele el hombro.
Muera el perro, dijo el 18.
N. del A: inauguramos sección: "Tributos". En este caso, un humilde homenaje a "Rayuela", de Julio Cortázar, novela emblemática a la que recurro de tanto en tanto, como muchos, supongo.

La tengo ahí, en la biblioteca, agazapada, expectante, incluso burlona.
ResponderSuprimirEste es un aliciente más, para cuando pase este desierto de pre-examen.
Un abrazo
Creo que es Cortázar el que recurre de tanto en tanto a nosotros en este revoltijo de trapo y lentejuelas. Se nos presenta, el flaco, y cuando estamos más cerca de la lira que de la guitarra nos dice por lo bajo: "dale, si al final nada es cierto"...como en el tango.
ResponderSuprimirAbrazo juerte, cumpa!
Rayuela ... hay un antes y un despues de mi gusto literario despues que pasaron por mi cabeza Olivera, La Maga y el resto de sus secuaces.
ResponderSuprimirCuento una intimidad ... el anio pasado en Julio estuve en Paris y no aguante la tentacion de pararme en Pont-Neuf y sentirme por un instante, parte de Rayuela.
"franqueábamos las peceras y estábamos tan cerca como nuestra amiga, la vendedora de la segunda tienda viniendo del Pont-Neuf, que te dijo: «El agua fría los mata, es triste el agua fría ...» "
Un abrazo grande y buena semana ...
Tucumano in London
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A mi "Heste Oliveira", no me deja.
ResponderSuprimirY yo seguiré tras sus huellas hasta que llegue al cielo.
saludos!
A mi me faltó conocerlo a fondo a Cortazar, en el fondo porque me daba miedo tanto vértigo de palabras, me sentía en un vaiven sentimental de miles de incoherencias no tan incoherentes que me llevaban más alla del mundo de la diplomacia y la sensatez. Así que lo debajaba abandonado.
ResponderSuprimirDespués de que le hice una entrevista la semana pasada al que se hace pasar por el personaje de Horacio Holiveira, me ahondé nuevamente en la lectura de Rayuela y no se como, ese miedo que tenía se disipó y viví la aventura como debía ser.
Acá hay una página para leerlo:
http://literaberinto.com/CORTAZAR/rayuela.htm
Saludos.
tomá! acá te paso el tablón!lo agarraste Oracio??? te paso la yerVa! bos pasame un matienzo,che!
ResponderSuprimir1/
1/
3/
CIELO*
Alucinante Horacio. Gracias por tender este puente (tablón) entre este instante y los recuerdos que andan por el alma. Abrazo grande.
ResponderSuprimirEres un crack.
ResponderSuprimirMuy bueno Horacio.
Saludos.
La fantasía y la realidad. Tendrías que publicar un libro con tu análisis sobre Rayuela. Porque ésto, lectores de Velcha, es sólo una pizca de lo que tiene este escritor sobre tal novela.
ResponderSuprimirCariños!
Hermoso homenaje, Horacio, no sé si "moralista" como el otro", ni si "temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles...", qué perspectiva tan personal la de leer Rayuela llamándose así, y qué bello imaginar un hermano para Rocamadour, bebé, bebé Rocamadour. Un abrazo desde esta ventana al otro lado del Atlántico donde también de tanto en tanto nos da por enderezar clavos.
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