La vi apoyada
contra la camioneta. Aire casual, manos en el tapado negro. Tenía la mirada
ausente, como aguardando al tiempo. El frío me cortó el rostro y ajusté el
cierre de la campera. No podía dejar de mirarla, su presencia contrastaba con
los arboles sin hojas y la tristeza que parecía posarse sobre Buenos Aires.
La calle Pasteur
estaba transitada, como todos los lunes. Habían pasado las 9,50 cuando llegué a
la puerta de la Mutual.
Ella me miró y amagó una mueca triste que no mudó en sonrisa.
—¿Esperás a
alguien?
—Sí. A vos —dijo. Y
me extendió su mano.
La rocé con la yema
de los dedos. Estaba fría. Fue lo último que sentí antes de la explosión. Luego
llegaron los gritos, llantos, escombros. Y el negro de sus ojos fundiéndose en
los míos.
Desde entonces nos
encontramos aquí. Ella desaparece pero yo me reconozco en otros, en el dolor y
el recuerdo, en la ausencia incomprensible, atravesados por lo que no pudimos
ser. Y nos mezclamos con los vivos en forma de lágrimas, velas, silencio,
palabras, un manojo de historias y entereza que conforman la memoria herida ante
la falta de justicia.
Si te interesa, te
dejo el blog de la AMIA
Publicado por Horacio

Nada que decir.
ResponderSuprimirSolo un abrazo grande!
Excelente pintura de ese hueco helado que sigue abierto y humeante en nuestro ser nacional.
ResponderSuprimirun abrazo
¡tamaño escrito! recuerdo aquella mañana como tan cercana. Y ya lidiamos con un 17.
ResponderSuprimirQue tristeza, cuantos años pasaron. Todo sigue igual o digamos que peor. Muy buen escrito Horacio. Un gran abrazo!!
ResponderSuprimirufa...
ResponderSuprimirAy Horacio!
ResponderSuprimirAdemás de arrancarme unas lágrimas, te diré que a pesar de la enorme tristeza de la situación, admiro la BELLEZA GIGANTE a la hora de las letras.
Realmente sos un MAESTRO entre MAESTROS *
Un beso o 2 #
El hombre es el lobo del hombre.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Desde Sefarad, a este lado del océano, leo con el corazón estremecido tu relato y algunos textos del blog de AMIA, y para mi vergüenza te confensaré que no recordaba algo tan descomunalmente espantoso. Digamos que no me he desembarazado del olvido, sino del deconocimiento. Un abrazo solidario.
ResponderSuprimirMas allá de tu escrito que es ENORME, Justicia!!
ResponderSuprimir85 personas no tuvieron elección, ni oportunidad, ni mas viva
nos queda a nosotros no olvidar este dia
Besos.
Ese día el tema no me interesó en lo más mínimo. Estaba esperando mi segunda hija, cumplía años de casado y hacía un mes había sepultado a mi madre. Vivía inmerso en mi mundo. Hoy que la vida ha dado tantas vueltas alrededor y dentro mío pienso en lo egoísta que fuí y en como algunos nos dejamos llevar por la inmediatez de las noticias y nuestros propios asuntos.
ResponderSuprimirDebo confesarte que me encanta esa conexión con la muerte en tus escritos.
Saludos.
es verdad, tenemos lastimada ante la falta de justicia
ResponderSuprimirbesos*
Me ha gustado Tu blog tiene el sabor de mi tierra
ResponderSuprimirSiempre tocando en lo mas profundo ... Excelente Horacio.
ResponderSuprimirUn abrazo desde Londres.
Pablo
Muy bueno, Velcha, muy muy.
ResponderSuprimirBesos.
Yo también he estallado al leerte.
ResponderSuprimirMe ha estremecido.
Saludos.
Un texto muy duro, Horacio, pero creo que los que intentamos hacer arte, debemos tomar estas cosas muy en serio y transmitirlas, aunque más no sea, como recordatorios de lo que alguna vez sucedió.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Todo sigue y se siente a flor de piel.
ResponderSuprimirAdmiro tu fortaleza creativa, no es fácil embellecer tanto dolor huérfano de justicia
Beso
Estercita
Fuerte, un relato fuerte.
ResponderSuprimirMe gustó el homenaje
Un abrazo
Tremendo, Velcha. Intenso, emotivo y triste relato. Tantos años de no-justicia, de incertidumbre, de vacío, de preguntas sin respuestas. Un abrazo grande.
ResponderSuprimirDuro, triste y bello. Me gustó esa visión.
ResponderSuprimirUn abrazo.