domingo, 4 de septiembre de 2011

Sábado


Acomodó los leños, fiel a su costumbre de torre con palos cruzados y diarios en el centro. Encendió la fogata, vio consumirse los papeles. Fulgores amarillos, rojizos, anaranjados, un calor que contrae la piel y seca la boca. Era una buena excusa para salar la carne y beber una cerveza helada.

Destapó el porrón y saboreó la cebada negra, amarga, consistente. Su compañera le gritó algo de la cocina, algo que no alcanzó a oír pero imaginó trivial. No por ella, sino porque los comentarios del sábado al mediodía son triviales y esa trivialidad de fin de semana los desconecta de un mundo difícil.

Ella, asistente social; él, abogado de casos perdidos. Ambos conviven con lo que la sociedad descarta: cartoneros, desocupados, marginados sociales, mujeres golpeadas, niños ultrajados. La enumeración podría continuar, pero sería morbosa.

Se conocieron en una reunión de solidaridad que intentaba crear una comisión para recaudar fondos. La comisión no pasó de un par de citas entusiastas y ellos pasaron de las miradas intensas a los besos con pan.

Hace tiempo que están juntos. Ella espera un bebé, él escribe cuando le sobra el día y los arrumacos entre palabras proclaman una obstinada defensa de la alegría.
(mayo de 2007)



Publicado por Horacio

15 voces opinan:

  1. Historia de sacrificios y esfuerzos.
    Me gusta mucho leerte. Ya lo sabes *

    Un beso o 2 #

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  2. Es una linda historia, con un buen principio y principios, de esas que dan ganas, y le sonríen a las trivialidades de los sábados al mediodía.

    Un beso Horacio.

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  3. Tus palabras me llegan directo al corazón.
    Soy educador social y algo de lo que cuentas existe en mi existencia cotidiana.

    Saludos.

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  4. y que se acabe el mundo, si ellos están nada menos que en el lugar/momento correcto.

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  5. ella y él, simplemente son...

    son el pan de cada dia.

    :P

    besos

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  6. defender la alegría, verdad? juntos, ella y él.
    me recordó a cierto joven que conozco...


    besos*

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  7. Cuánta sencillez en tan lindo relato. Me pregunto don Horacio, como es que no había visto su blog antes????
    Un gran abrazo y una grata sorpresa este espacio.

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  8. Esa pareja destila honestidad.
    Que les vaya bien.

    Saludos.

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  9. "Defender la alegría como una trinchera
    defenderla del escándalo y la rutina
    de la miseria y los miserables
    de las ausencias transitorias
    y las definitivas.."

    Tu pequeña gran historia me llevó directamente a Don Mario.
    Besos, Horacio.

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  10. Podría ser el comienzo de una buena novela.

    Abrz.

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  11. Sin palabras!! Qué buen relato!! Dos personas tan comunes y no...que se unen.

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  12. Y esa obstinada defensa de la alegría nunca será caso perdido, porque el pan de estos besos no es pan solo: es pan de solidaridad en común, de compromiso a pie de calle, de ser dos hacia los otros, los golpeados. Leo tu texto dejando que esa cerveza helada entre fina entre los dientes desde el orificio del porrón. No puedes imaginarte qué calores a este lado del Atlántico. Estoy por ponerme a enderezar unos clavos, Horacio. Un placer beber tus textos.

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  13. Qué bueno, Velcha. Cuanta naturalidad para relatar una historia que reconforta el alma (entre tanta basura con la que nos topamos a diario). Excelente. Abrazo.

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  14. ¡Cómo lo he disfrutado! Con qué sencillez logras despertar empatía hacia la generosidad de dos que han optado por estar del otro lado por propia convicción; y contagiarnos su alegría y convencernos de que su hacer tiene auténtico sentido; que no mirar y girar la cabeza no conduce a ningún camino que finalice en satisfacción. Y tu relato devuelve la esperanza perdida de antemano de que algún cambio es posible si realmente creemos en ello.
    Quizás la raíz de la alegría consista en hacer lo que realmente nos convence y nos llena.
    Gracias por compartirlo.
    Un abrazo.

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