Te sucede, seguro. Estás
escribiendo y percibís que esa palabra no es la adecuada. Quizás, al principio
te da bronca pero luego sonreís. Es un desafío, otro más, una bofetada a tu
inteligencia, vamos, che. Que se puede, ¿cómo no vas a dar con ella?
Te pones de pie, arreglás el mate, calentás el café o te
prendés un pucho, si es que fumás. Algunos y algunas se quedan mirando el papel, hacen
dibujitos en los márgenes de la hoja, o clavan la vista en el monitor o la
pared. Otros dan una vuelta haciendo
nada por la casa y luego regresan al teclado. Me cuento entre estos últimos. Y
volvés a sentarte, como no.
Es entonces cuando recurrís a ellos. Cortázar los llamaba “juegos
en el cementerio” (capítulo 41 y otros de “Rayuela”) para
contraponerlos a la literatura como juego infinito, bello, que nos llena el
alma. Y están ahí, son necesarios, son nuestros diccionarios, un lugar en donde
las palabra adquiere algún significado normativo, aunque después cada uno se
invente las suyas y se arregle con las que más le gusta, les adose su propia
carga, esa que te hace vibrar, sonreír, putear, movilizarte.
El castellano.org es uno
de esos sitios en donde algunas dudas se pueden despejar, además de ser un
lugar muy atractivo. Dirigido por el periodista uruguayo Ricardo Soca es un alivio
ante los tropiezos y, sobre todo, una trinchera del saber. Porque el que
sabe aprende y si aprende cuestiona, si cuestiona, puede resisitir contra un
poder, en cualquier orden y contra cualquiera. Que le pregunten a las y los obreros de Zanón, sino.
Entro a consultarlo y me entero de las amenazas de la RAE y el Grupo Planeta. Según cuenta el titular del sitio, el
equipo jurídico del Grupo Planeta – dueño de la editorial Espasa, que publica
muchas obras de la Real
Academia Española de la Lengua – le envió un mail en donde lo conminaba a
eliminar los enlaces que había incluido a los avances de la 23ª edición del
diccionario académico, por vulnerar la
Ley de Propiedad Intelectual, cuando la lengua es
nuestra porque la trabajamos y formamos a diario, con sus modismos, sus
excentricidades, eso sin mencionar que la RAE se nutre justamente del habla para recopilar
los datos para cada edición, datos por los que -paradójicamente- luego hay que
pagar para tener acceso. Delicias del sistema.
Más allá del fenomenal negocio que hay detrás, como cuentan
en addenda et corrigenda, el conocimiento de nuestra lengua
debe ser horizontal y democrático porque forma parte del patrimonio de las y los
hablantes del castellano. Tan sencillo como eso.
Releo lo escrito. Mirá dónde llegamos buscando una palabra
¿Cual era? Sí... puede ser, pero no me convence todavía, quizás el secreto esté
en la búsqueda, en seguir caminando. Galeano y su metáfora de la utopía. Aunque
tengamos la íntima convicción de que no daremos con ella y continuemos escribiendo.
Para contar, para jugar, para vivir y dibujarte una sonrisa, aliviar los
cimbronazos de la vida o simplemente alzar la voz. Para lo que quieras. Pero
por sobre todo, porque es tan necesario como respirar.
Publicado por Horacio

me encantó. No hago dibujitos en el papel. Bajan como si yo fuese el amanuense de una fuerza que desconozco.
ResponderSuprimirEscribir es delirante. Me iluminan mucho las citas que usted comenta. Para mí que vivo de la narración oral el oficio de escribir implica una composición casi musical, un ritmo interno que debe tener las notas adecuadas. Por eso, la palabra exacta en ocasiones demora minutos, horas o días.
ResponderSuprimirMe pasa que vuelvo a la elegida originalmente. Tengo un libro antiguo del uso de la coma, que a veces me enreda mas de lo que me ayuda.
ResponderSuprimirUn beso!
Suele pasar... Me cuento entre los que arreglan el mate :D
ResponderSuprimirSaludos, muy lindo texto...
Bueno, yo no soy escritora, pero si; a veces es difícil encontrar con qué escribir una sonrisa.
ResponderSuprimirSaludos.
Gracias, Velcha, por regalarnos relatos como este. En la búsqueda de una palabra, evidentemente, se conjugan montones de dibujos y tensiones, de diversa índole. Abrazo grande.
ResponderSuprimirHay veces -demasiadas veces- que la palabra deseada, la palabra insoportablemente precisa, se antoja húmeda pastilla de jabón, y cuanto más empeño tienes de tomarla más se escurre y huye .
ResponderSuprimirPor otro lado, qué retrato fidedigno de nuestro triste presente ese de secuestrar el vocabulario con fines comerciales... El día menos pensado empezarán a registrar la propiedad intelectual de algunas palabras, de tal modo que uno tenga que pagar por usarlas. Un saludo.
Un día van a aparecer los herederos del primer tipo que escribió que es fundamental respirar para vivir, reclamando el pago por los derechos de la respiración, más los intereses.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Me entero por tu post de esta situación: es una locura, propia de este mundo que aplica la ley de la renta financiera para medirlo todo, en su afán ciego de poder.
ResponderSuprimir¿Cómo será escribir textos con las palabras más baratas que podamos conseguir? El tema da para una ficción o un poema, ¿no? ¿Te animás? Sonrío...
Un beso, Horacio.
Hola, primera vez que te leo...me encanta tu espacio .
ResponderSuprimirTe cuento que en mi caso, las palabras aparecen, ellas hacen y deshacen sin darme tiempo a arreglar el mate :)
Saludos y te sigo leyendo Horacio.
LaLy
Definitivamente, escribir es un balsamo, una manera de descargar las tensiones. De destensionar se trata la cosa. Detras de eso, la burocracia se metio, esta en todas. Es un lindo ejercicio la escritura.
ResponderSuprimirSaludos.