sábado 24 de diciembre de 2011

Dios es cobarde y traicionero


“Según va anocheciendo
vuelve a ser campo el pueblo.”
(De “Campos Atardecidos”,
en “Fervor de Buenos Aires”
1923, J. L. Borges)

Dios es cobarde y traicionero, le susurraba mi padre a su jarrito de mate amargo. Una mañana llegó aquí y encontró su lugar, lo sintió en la tierra húmeda, el silencio de las tardes, los atardeceres inefables. Había pocas casas apiñadas sobre la estación, me contaba antes de dormir y abría exageradamente los ojos al recordar los generosos almuerzos vecinales, largas sobremesas de taba, cartas y rencillas sin importancia entre cuchilleros fieros y apasionados.

La imagen está en el siguiente sitio

Estación Próspera nació con los golpes de chuzas indias contra los blancos y los malones sin fin robándose mujeres, niños y animales. El pueblo resistió firme los avatares de la historia y la obstinación de los pioneros consolidó un caserío que contó con estafeta postal, comisaría y la iglesia de rigor con su campanario de palomas y feligreses de domingo.

Para algunos el fundador del pueblo fue un blanco que comerciaba con los indios y les cambiaba sus cueros por aguardiente y tabaco, versión que contrasta con la oficial que señala a un valiente visionario resistiéndose a los malones y pujando por instalar el progreso en la provincia. Sea cual fuere la verdad, Estación Próspera se transformó en un jagüel del desierto  y resistió con firmeza los avatares de la historia.

Todo pueblo tiene su loco. El nuestro fue un paisano agrio que perdió los estribos cuando su mujer murió pateada por un caballo. El pobre vagaba por el campo recitando el Martín Fierro y preguntaba por su amada con un desaliento a vino que espantaba hasta los pájaros. A nadie le molestó su ausencia hasta que apareció ahorcado en el árbol más alto, el de aquí enfrente.

Un día mi padre se cansó de lidiar con la vida y su corazón se detuvo. Si dejás que el círculo se cierre y te agobie, estás frito, repetía antes de su muerte. Como yo había crecido entre el aroma de sobres perfumados, telegramas fatales e impuestos duros, a nadie le extrañó que me hiciera cargo de la estafeta postal.

Así me convertí en un testigo de la vida pueblerina y sus noticias trascendentes. Recuerdo la inauguración del tren por parte de los ingleses y nuestra posterior nacionalización, varios cambios de gobierno, pesos devaluados y las novedades de la Capital que el tren traía en cada regreso.

Los años desgajaron la tierra y el campo nos dejó sin tributo. Las buenas cosechas pasaron a ser un recuerdo y las arenas avanzaron seguidas de los cardos que rodaban por las calles y se colaban entre las casas abandonadas tras el cierre del matadero. Las cartas se cubrieron de una greda blanca y los muebles se encanecieron, como nosotros.

El trabajo exiguo y un tren sin retorno terminaron con nuestros jóvenes. Nos quedamos los viejos, algunas madres con sus pibes mirando las calles vacías y Don Florencio que me pregunta todos los días por cartas de sus hijos.

—No, Don, no llegó nada. Vuelva mañana, en una de esas…, contesto con una sonrisa de media mejilla, repitiendo la ceremonia cómplice que sostenemos a diario.

Hace tiempo que no llegan cartas.
Ni ómnibus espaciados.
Hasta ayer.

El sobre blanco con el membrete del Correo Central tiene una estampilla florida en el vértice izquierdo y descansa sobre la mesa desde entonces. Sé por experiencia que las malas noticias huelen como esa carta. Por fin, el cortaplumas rasga los bordes pálidos, casi como la muerte y desnuda una nota escueta, doblada en dos. Releo el memorándum y lo guardo con cuidado, con el mismo cuidado con que velo por las palabras envueltas en papel, que nos comunican con el mundo.

"Dios es cobarde y traicionero", recordé. Pero olvida que se cruzó con un viejo obstinado. Mañana abriré la oficina por más que esa nota diga que no hace falta. Y todos los días. No hay cierre si nos queda la memoria, si hay historias que merecen ser escuchadas y palabras para contarlas.



Publicado por Horacio

2 voces opinan:

  1. Mas tarde lo leeré bien..
    Solo pasaba a desearte ¡Feliz Navidad!
    Besos mil.

    ResponderSuprimir
  2. Impecable, Horacio, tenés una pluma admirable. Es un gusto leerte.

    Un abrazo.

    ResponderSuprimir

Bienvenid@ a Con Letra Propia.
¡Gracias por comentar!