Me desperté más temprano que de costumbre y
miré el reloj. Era por lo menos inusual, sobre todo luego de una noche que
intentaba jalar alguna frase disparadora que aliviara la pereza literaria.
A media mañana vi la fecha en el calendario
y me di cuenta. A diferencia de hace 25 años, el sol caía implacable sobre la
tierra y no había ningún aguacero inusitado. También, en desacuerdo con aquel
tiempo, he crecido y puedo pensar en tu partida definitiva como algo injusto,
que, con el paso de los años, mutó en una cicatriz obstinada en recordarte. En
el recuerdo de tu recuerdo en realidad.
El cuerpo y sus memorias. La cercanía de
las fiestas. Mi fastidio. El paso del
tiempo, si es que realmente hay algo de eso por ahí. “… En su origen es uniforme,
pero, cuando se consume, se transforma en algo irregular. Ciertos periodos de
tiempo son terriblemente largos y pesados; otros, breves y ligeros. Y, a veces,
el orden de los acontecimientos se altera y, en los momentos críticos, incluso
desaparece. También se le añade lo que no debería añadírsele”, leo en
“1Q84”,de Murakami.
“La vida no es la que uno vivió sino la que uno
recuerda y cómo la recuerda para contarla”,
sostiene García Márquez en “Vivir para contarla”, en una intertextualidad que apunta
en esa sintonía.
Tiempo,
cuerpo, trampas de la memoria y recuerdos. Recuerdos
y ausencias. Ausencias y palabras. Las
palabras y un relato que intenta tejer un entramado para seguir andando. Como
la ficción, que también tiene su sentido, ¿no? Como el que intentamos darle a
la vida, aventuro.
¿Vivimos lo que contamos?; ¿Contamos lo que vivimos? El cuerpo y sus memorias, las que señalan este
extrañarte por ráfagas, tu aparecer de improviso, el reconocerme en algunos
gestos y preguntarme qué pensarías de mí o de los que sentimos tu partida.
¿Será que la muerte es costumbre de no
verte, fechas en el calendario, melancolía, lágrimas, miradas desnudas al vacío?;
¿Bronca?; ¿O sólo ausencia?; ¿O eso y mucho más?; ¿O nada? Si parece ser una habitación deshabitada que se lleva todo consigo dejándonos
casi al borde del desamparo.
El cuerpo y sus memorias. Una jornada que
continuó su camino enredada en las prisas a ninguna parte, con el sol empecinado
en cobijarme de tu falta, sabiendo que me habitaría de ganas de escribirte,
aunque no puedas leerme. O sí. Quién sabe.
Publicado por Horacio
Quien sabe.
ResponderSuprimirBuen texto.
De algo estoy seguro, mas fàcil que lograr una conciencia limpia, resulta tener mala memoria.
Feliz 2012.
Un abrazo.
Como siempre, la maestría de tus letras que me conmueven, estremecen y hacen vibrar el alma.
ResponderSuprimirSeguro que lee las palabras.
Feliz 2012!
Un beso o 2 #
Esos son los sentimientos de estos días, revoltosos e inquietos, que sacuden, hasta perderse de nuevo en algún lugar oculto, pero justamente no en el olvido.
ResponderSuprimirUn beso Horacio.
Te deseo un buen año a vos y los que te acompañan en el camino.
Curiosidad, ¿Qué tal el libro de Murakami?, quiero comprármelo.
o sí, quién sabe.
ResponderSuprimirabrazo grande, horacio*
Perdoname que no te lea tanto porque ese negro como fondo me mata...
ResponderSuprimir¿Hay alguna forma de mejorarlo?
Siempre te leo, pero eso me hace mal los ojos, te pido disculpas.
Besos mil.
... (a pesar del oficio)
ResponderSuprimirmmm quien sabe !
ResponderSuprimirTodo lo mejor para vos y los tuyos en este 2012. Un placer pasar siempre por este espacio !
Abrazo desde Londres !!!
Pablo
.
BUENA HISTORIA! BUEN AÑO, HORACIO. UN ABRAZO
ResponderSuprimirCada parte de la vida en cada parte de cada relato. Gracias Maestro Velcha. La sutileza de lo incierto y la intensidad de la existencia siempre presentes, de alguna manera, en la importancia de la Memoria. Muy feliz año para vos y tu gente. Un abrazo enorme. Y gracias por hacer magia con las palabras...
ResponderSuprimirHoracio, lo más hermoso de tu vida para este año que se inicia.
ResponderSuprimirTe dejo un abrazo lleno de esperanzas
El cuerpo y sus memorias o el cuerpo de las memorias....
ResponderSuprimirPaz&Amor
Isaac
Quienes viven exclusivamente para contarlo pasan por alto la importancia de esa relación entre el cuerpo y sus olvidos, de la que tanto partido sacó el psicoanálisis. En cualquier caso, confiemos en que este año esté repleto de cosas buenas que merezcan ser recordadas; así te lo deseo, Horacio.
ResponderSuprimir¿Será tal vez una cuestión de edad? Mi cuerpo sólo recuerda lo que vivió ayer... quizás antes de ayer, nada más. Perdón, me fui por las ramas, muy buen texto.
ResponderSuprimirHD
Feliz Año Nuevo Horacio.
ResponderSuprimirSaludos.
"Aunque no puedas leerme, sabiendo que me habitaría de ganas de escribirte."
ResponderSuprimirUn entramado originalísimo el que has utilizado en este texto. Precioso, empapado de ausencia aún sabiendo que se vivirá a pesar de ella, con ella y por ella.
Que las memorias que recuerde tu corazón en este año recién estrenado te colmen de alegrías.
Horacio, lea o no lea jamás lo sabremos. Lo mismo que cuando un vendaval se empecina entre los sauces.
ResponderSuprimirAbrz.