miércoles 14 de diciembre de 2011

El robo del año


El plan fue meticulosamente planeado, cuidando de todos los detalles. El día previo fue el momento del ensayo y la caída del abuelo —que por suerte sólo dejó la dentadura postiza bajo la cama— selló el éxito de nuestro contubernio.

¿A quién se le ocurrió aquello? no estoy seguro, pero es posible que haya sido a mi hermano, de ideas temerarias y dislates como el de arrojarse al vacío desde el techo con un paraguas abierto, o intentar seguir a unas palomas provisto de una capa roja y una “S” gigante en el pecho, objetivo que no pudo cumplir porque papá alcanzó a retenerlo en el preciso instante en que extendía los brazos y cerraba los puños para su vuelo imaginario, en una tarde que limpiábamos el tanque de agua.

Quizá su apego a las alturas y las ansias de volar no le dejaron más remedio que planificar nuestra correría. Acaso la envidia que le provocaba el vuelo impune de nuestra víctima, o el deseo de quedarse con su botín lo obligaron a comentarme su obsesión en una siesta interminable, entre susurros y soldaditos de plástico vilmente derribados con una jeringa llena de témpera colorada.

El plan era perfecto, debo confesarlo. Si bien a veces nos sentíamos incómodos – porque después de todo íbamos a robarle – la sensación de culpa se evaporaba pensando en el reparto del botín, momento en que yo imponía mi primogenitura para quedarme con los objetos más preciados y mi hermano se oponía con firmeza, recordando el jarrón chino derribado por mi pelotazo y la culpa posterior al gato, mentira que mamá nunca creyó pero que condescendió intuyendo que era el precio de la felicidad.

El tropezón del abuelo no dejó lugar a dudas. A la hora señalada, y pese a la reprimenda de papá, repetimos el plan y atamos el hilo de tanza a las patas de nuestras camas, lugar de paso obligado para llegar hasta el arbolito y crear la celada perfecta que daría por tierra con Papá Noel y su preciada bolsa de regalos.

No hubo caso, aquella madrugada intentamos mantenernos despiertos para abalanzarnos sobre nuestros botín, pero el cansancio  hizo de las suyas. La llegada del nuevo día nos encontró mirando incrédulo los regalos bajo el árbol de Navidad y nuestro hilo, tenso, inexpugnable, atado entre las camas paralelas.

—Era una buena idea —dijo mi hermano rascándose la cabeza mientras alejaba su desilusión con un gesto, abalanzándose sobre la caja con su nombre. Yo deshice la trampa y abrí mi regalo, sin saber en qué habíamos fallado. A mi lado, mi compinche gritaba de júbilo y blandía su flamante avión que surcaba los aires acompañado por su mano, mientras papá nos miraba desde la cocina con una sonrisa.

N. del Autor: Otro de mis primeros textos, publicados en este blog. Lo recupero para compartirlo.



Publicado por Horacio

13 voces opinan:

  1. Buenìsimo!

    Me encanta. A mì no se me ocurriò.

    Un abrazo.

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  2. Me siento identificada con el hermano que quería volar. Yo hice cosas muy parecidas...de niña.

    Qué suerte esta recuperación del texto Horacio. No lo había leído antes. Con lo que me gustan tus relatos ~

    Un beso o 2 #

    Pd: cómo podría hacer para conseguir "La Tierra Plana". Estoy muy interesada en leer tu libro, ya que me gusta muchísimo como escribes.

    eleanor.cure@gmail.com

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  3. Precioso Horacio.
    Me dio ternura.

    Un beso!

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  4. Ensayo y error. Yo probé con otras, pero obtuve igual resultado. Será cuestión de seguir probando. Hermoso texto. Un abrazo

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  5. En mi familia de chica se le daba más bola a los reyes e intentamos de todo para pescarlos, pero siempre nos terminabamos quedando dormidas.
    Qué ganas dan de volver a creer...!!
    Me encanta el relato y la sutil manera de ir develando hacia quien van dirigidos los planes.
    Un beso.

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  6. ¡Qué divertido relato y qué genial ocurrencia la de tu hermano! Si yo estuviese vuestro lugar, también me habría preguntado qué es lo que había fallado, pues "la idea era buena" de verdad.
    Qué bien que lo hayas rescatado, Horacio.
    Un abrazo.

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  7. Ay, al final fue el tiempo el que perpetró el peor robo: el de la ilusión de entonces, cuando tanta ingenuidad se amontonaba en lo mejor que hemos sido y seremos. Un saludo.

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  8. ¡Hermoso y tierno texto! Me encantó!

    Que pases unas muy felices fiestas, Horacio!
    Cños.

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  9. hoy sólo llego hasta ti para desearte
    ¡Qué seas feliz todos los días, que sueñes, que te sorprendan las caricias y los besos cada amanecer; que te ilusiones , que sientas, que conjugues siempre el verbo amar,y que en donde te halles y con quienes te rodeen que compartas emociones y proyectos !

    Un abrazo

    El texto tan entrañable me remonta a épocas en que la ingenuidad era sinónimo de alegría-

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  10. Me has conectado directamente con esos años en que el mundo era un lugar de aventuras infinitas y todo lo imaginado era posible con el empeño suficiente. Creo que si no guardáramos dentro al niño que creía eso nos sería muy difícil sobrevivir.
    Te abrazo fuerte y te dejo mis mejores deseos, Horacio.

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  11. me gustaron mucho las últimas líneas.

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