Caminaba abrumado por la noticia cuando levanté la vista y
la vi. Era ella. De pie, cerca de las vías del ferrocarril, era difícil de
creer pero ahí estaba: paseando su perro. Como todos los días.
Recorrí los metros que nos separaban y le sonreí, aminorando
el paso hasta que quedamos frente a frente. Me miró con la profundidad terrosa
de sus pupilas, acercó los dedos hasta sus labios y me sopló un beso, como
cuando nos despedíamos en la puerta de su casa, aquel espacio con aroma de
malvones y ausencias a las que no terminamos de habituarnos.
—No te preocupes, estoy bien —deslizó.
Sentí como mis ojos se nublaban por la pena y me invadía
cierta bronca, pero no dije nada.
—Secate esas lágrimas, dale… los que se quedan acá son los
que necesitan consuelo —dijo con esa sonrisa habitada por la melancolía.
Asentí y le apreté la mano, la de todas las arrugas del
mundo.
—Dame un abrazo. Voy a estar cuidándote, ¿sabés?
—Lo sé —musité mientras nos convertíamos en uno. El nudo en
la garganta se retiraba, ahuyentado por nuestro encuentro.
—Ahora andá, que te están esperando.
Le di un beso enorme en la frente y giré, sin volver la
vista atrás. Recorrí las cuadras que me separaban de su velatorio con una
inaudita sensación de sosiego. En la sala, una compungida parentela se agolpaba
con el rostro tácito de las malas noticias.
Publicado por Horacio
Qué triste, pero a la vez que bello!
ResponderSuprimirInsisto Horacio: tenes un don con la letras que mezclan el arte, con la emoción y el talento.
Una vez más, me voy de este sitio emocionada.
Un beso o 2 #
Suele ocurrir.
ResponderSuprimirBuen relato. Emotivo.
Me sucediò con mi padre, hace poco.
Un abrazo.
Esa presencia me absorvió al ver que nada, y todo, es para siempre.
ResponderSuprimirAbrz.
!!
ResponderSuprimircomparto lo dicho por sarco
ResponderSuprimirbesos, horacio*
¡Qué buen relato, qué excelente manejo de las palabras para hacernos estremecer, para emocionarnos!
ResponderSuprimirHay historias que nos acercan.
Enhorabuena .
adhiero a los comentarios anteriores y a los interiores
ResponderSuprimir¡y asi es! o por lo menos yo lo creo firmemente sin que haya tenido que lavarme el cerebro...
ResponderSuprimircordiales saludos
LA VIDA Y LA MUERTE.... Y ALGO MÁS QUE DESCONOCEMOS
ResponderSuprimirSALUDOS
Va deslizandose, elucubrando el impacto del final, esa emoción que termina envolviendo y manando de todo el texto. Muy bueno.
ResponderSuprimirBUen año amigo. Un abrazo
Frente a la muerte siempre nos desarma, ese desconocimiento, ese sentimiento, ese estar acá y allá.
ResponderSuprimirUn beso Horacio!
Precioso. Esta parte:"Los que se quedan acá son los que necesitan consuelo", es la que me sugiere una pregunta en disyuntiva, ¿nos siguen cuidando o somos nosotros los que necesitamos creer que lo seguirán haciendo? Sea como fuere la respuesta, reconforta y ayuda.
ResponderSuprimirUn abrazo enorme.
Precioso texto, Horacio. Esa percepción de que los que se fueron no lo han hecho del todo.
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