Imagen: Blog de Daniel Paz
Siempre está a mano. Y es un referente ineludible a la hora
de sentarse frente a un teclado. Por su compromiso, por su relación con el
fútbol o sus consejos. Pero por sobre todo, por sus palabras.
Su muerte me llegó por teléfono. La voz de alguien que amo
me dijo desde la impotencia y la lejanía: “se murió Soriano”. Balbuceé alguna
respuesta, hablamos unos minutos y tuve que colgar, en un laburo que prefiero
olvidar pero que en aquellos tiempos me daba de comer.
Regresé a mi computadora y seguí con lo que estaba haciendo,
intentando acomodarme a la noticia. Alguna que otra puteada por lo bajo y la
sensación de cachetazo para los de siempre acompañaron aquel día de fines de
enero de 1997.
“A mi un gato me
trajo la solución para Triste, solitario y final. Un negro de mirada contundente,
muy parecido a Taki, la gata de Chandler. Otro, el negro Veni, me acompañó en
el exilio y murió en Buenos Aires. Hubo uno llamado Peteco que me sacó de
muchos apuros en los días en que escribía A sus plantas rendido un Ieón. Viví
con una chica alérgica a los gatos y al poco tiempo nos separamos. En París,
mientras trabajaba en El ojo de la patria, en un quinto piso inaccesible, se me
apareció un gato equilibrista caminando por la canaleta del desagüe. Para
sentirme más seguro de mi mismo puse un gato negro al comienzo y uno colorado
al final de Una sombra ya pronto serás.
Para decirlo mal y
pronto: hay gatos en todas mis novelas. Soy uno de ellos perezoso y distante.
Aunque nunca aprendí la sutileza de la especie…”, escribió alguna vez. Cito esto y
una de mis gatas —que rondaba a mi alrededor— desaparece con sigilo, quizás en
un acuerdo tácito con sus palabras.
Si Cortázar o Castillo son referentes ineludibles a la hora
de hacer ficción, Soriano es uno de los faros que continúan siempre encendidos para
no desviarse del camino. Una prosa llana, profunda y sin ornamentos, historias que
se disfrutan mientras se cuentan solas, una fascinación por personajes
perdedores que no bajan los brazos, referencias innegables a la realidad social
o diálogos impecables pueden servir como ejemplo. Eso sin mencionar su pasión
por los gatos, el fútbol y el policial negro.
Repaso mentalmente sus obras y no me animo a quedarme con ninguna, aunque tengo
preferencias por “Triste, solitario y final” (debut como novelista) o “No habrá
más penas ni olvido”. ¿Quién puede olvidarse de Ulises Dumont (Cerviño) —en la
versión cinematográfica de Héctor Olivera— fumigando mierda a los servicios de
inteligencia?
Tampoco puedo dejar de mencionar a “La hora sin sombra”, su
última novela, en donde sin ser un estudioso de su trayectoria (a propósito: la
Academia siempre lo ninguneó por ser “popular”) parece desentrañarse otro
Soriano, más introspectivo, con la misma solidez de siempre y el aplomo de los
años.
Periodista, escritor, pero por sobre todo buen tipo, sostienen
quienes tuvieron la fortuna de conocerlo. Para el resto nos quedaron sus textos
y la particularidad de arrancarte una sonrisa o dejarte pensando, mientras se repasa
de nuevo algún párrafo.
Y así es Soriano, el intelectual que no desdeñaba el fútbol,
que prestaba un oído a la noche y otro a los excluidos para dar cuenta de la
condición humana, en un mundo emperrado y desigual que sigue apostando a un Gato Díaz que
se quede con “la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la
sortija de la calesita.”
Publicado por Horacio

Un escritor injustamente relegado en el gusto popular.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Llegué a Soriano precisamente desde mi pasión por Chandler, y llegué, claro, a ese “Triste, solitario y final”. Me acuerdo que fue muy comentado entre los amigos, allá por los últimos ochenta. (A saber si el caracol de Cortázar no se llamaría Osvaldo como secreto homenaje).
ResponderSuprimirEl escritor sevillano Antonio Burgos, gatófilo de pro, tiene varios magníficos libros sobre los gatos, donde hace un recorrido por los gatos literarios, que son muchos, desde el negro de Poe hasta el calzado de Perrault. Muy recomendable
Un saludo.
Soriano, gran escritor y un hombre "de acá", un transeúnte. Abrazo.
ResponderSuprimir"historias que se disfrutan mientras se cuentan solas"
ResponderSuprimirNo podrías haberlo dicho mejor. Un grande :)
Un beso o 2 #
No hay mucho que agregar a tu impecable manera de decir aquello que te llega y se nota.
ResponderSuprimirUn abrazo Horacio.
Y gracias:)
acabo de contarle al amigo matías que recuerdo un cuento de soriano, en el que relataba sus andanzas en el bosque de peralta ramos,aquí, en mar del plata, su ciudad natal, en bicicleta, con su padre. publicó ese cuento en la contratapa de página 12, yo corté la hoja y la guardé, tan bien guardada, que no puedo encontrarla..si tenés ese cuento, agradeceré una copia.
ResponderSuprimiry en cuanto a "la hora sin sombra"...creo que allí se estaba despidiendo.
un abrazo, horacio*
Horacio, llego con la intencion de corresponder tu visita a mi rincón y me encuentro con esta pieza dedicada a un autor que -lamnetablemente, por lo que he leído- no conozco.
ResponderSuprimirMe quedo asomado a tu ventana y dejaré el camino señalizado desde mi casa para que otros amigos puedan llegar hasta aquí.
Un saludo.
Merecido post-homenaje al entrañable Soriano.
ResponderSuprimirSaludos.
Mi agradecimiento por tu visita a mi blog de poesía, donde siempre serás bienvenido. Esto me ha dado la oportunidad de conocer el tuyo, donde veo una prosa impecable y atrayente. Me quedo por mérito tuyo, no por compromiso.
ResponderSuprimirUn abrazo, Hora
Emotivo escrito, homenaje sencillo pero profundo, se nota que fué escrito con el alma en la mano...
ResponderSuprimirDejo un sincero abrazo para tí, saludos.
Tan nuestro el gordo Soriano, tan argento, tan querido.
ResponderSuprimirEl ojo de la Patria es mi favorito.
Leí Soriano hace mucho y con desgano, no sé por qué, pero luego de terminar el libro (Una sobra ya pronto serás), salí a comprarme otro sin falta.
ResponderSuprimirUn bello homenaje.
Y un abrazo.
HD
Emotivo....por siempre Soriano...
ResponderSuprimirMuy justo y sentido homenaje. En aquel tiempo recién empezaba a descubrir este oficio, y no sentí la muerte de Soriano como la siento hoy, luego de haber leído varias páginas suyas. Recuerdo ahora esas palabras de Tomás E. Martínez en el prólogo de "la hora sin sombra", de su expectativa ansiosa luego de leer esa novela por la obra nueva que, lamentablemente, nunca llegó.
ResponderSuprimirUn abrazo
horacio, vuelvo para contarte que encontré el cuento, se llama "lobo estás?", y se publicó en "piratas, fantasmas y dinosaurios".
ResponderSuprimirabrazo*
Horacio,no he leído nada de Soriano, pero comparto el gusto por los gatos y las buenas personas.
ResponderSuprimirUn abrazo.