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Las cosas de la memoria se convierten en algo que no fueron antes

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Un viaje a París dispara los recuerdos y remite a Berie a su adolescencia en un poblado norteamericano, su trabajo a los quince años en el parque de diversiones Storyland y su relación de amistad con su amiga Silsby Chaussée.

Recuperar la poética de lo cotidiano

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Voy a contarles un poco lo que me pasó, cuando pensaba qué compartir y comentarles. Me vinieron a la cabeza unos versos de Bertold Brecht, donde dice y se pregunta:
qué tiempo es este de hablar de los árboles es casi un delito porque significa silencio sobre tantos males...
Salvando las diferencias, porque Brecht estaba hablando de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, yo sentí que no se podía hablar de los árboles. Por lo menos que no se podía hablar solamente, apolíticamente de los árboles. Entonces, quiero comentarles que estas reflexiones que quiero compartir con ustedes, no son apolíticas.

Uno no puede hacer nada con la fe de los otros

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En un pueblo donde los trenes eran un recuerdo que ni las vías se permitían nombrar, todos esperan un milagro para sentirse vivos. Hasta allí llega Carlos Andrada, restaurador de imágenes sagradas, con el fin de reparar una estatuilla del siglo XIII. Lo esperan los pobladores que todavía resisten gracias a la fe, personajes con sus miserias y secretos que ven en la llegada del forastero la esperanza de un renacimiento.

La pregunta

El sereno le alcanza un mate entre los espacios de un alambrado que separa dos mundos. El otro acepta con un gesto de cabeza y comenta algo sobre el frío. Aprieta la calabaza con las dos manos, deja que el calor lo abrigue por un instante, demora la devolución del convite.

Inventar historias es la única forma de forjar nuevos sueños

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En Laguna Profunda, los escasos pobladores que todavía permanecen tejen una rutina contra el olvido. Esperan un barco en una laguna seca, beben en un bar, almuerzan y cenan conejos como único menú. El pueblo tuvo su momento de gloria con Ruiz, boxeador que hizo besar la lona a Muhamad Alí y cuando parecía que alcanzaba la gloria, decidió no continuar la pelea dos asaltos después y refugiarse en su tierra. Allí, cuarenta años más tarde, viaja el periodista Oscar Raimondi en busca de declaraciones exclusivas, bajo la amenaza de perder su trabajo.

Tijeras y pespuntes

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Sábado de lo posible, mate. Vivir a pesar de1, apunta Lispector. Todos atrás y Dios de nueve(*), replico.

David Gilmour y Live at Pompeii. El repaso a fragmentos de textos que esperan a ser revelados. O no. La gata que espía desde la ventana con un quejido gutural. Temo por lo que mira y no veo. Luego de quedarse unos minutos se acuesta en la cama y se enrolla sin mirarme, anuncia frío.

Todavía transitan los despojos del silencio. Otra vez Clarice: la mejor luz para vivir era la de la madrugada2. La muerte, sus visitas. Digo lo que tengo que decir, sin literatura, citaLuis.

Me duelen los dedos, como si las palabras se resistieran a salir. Primeras luces, de malón fantasmal, de horizonte pampa entre álamos patagónicos.

Anclajes, travesías, poética de lo dicho, lo que se vislumbra entre palabras, el tono. Ni siquiera lo que se dice. La tijera, pespuntes en el texto. Sábado de correcciones.

(*) Verso de Todos atrás y Dios de nueve, Los Caballeros de la Quema.

1Lispector, Clarice, «Un …

Diálogo en la lluvia

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Diluvia. Desde hace horas. Los transeúntes cruzan las calles convertidas en una suerte de Venecia renacentista en decadencia. Algunos se resignan y se quitan los zapatos. Otras insinúan la belleza de los pies a través de las medias. Hay prisa en los andares y nadie me ve, pese a que estoy siempre en la misma esquina.

A veces temo que la indiferencia me haga enloquecer. ¿Estoy vivo? Es una pregunta que me hago a diario y cuando la duda corroe el estómago y se aloja en mi cabeza, cruzo al negocio de enfrente, para ver mi rostro en una vidriera de ropa cara y trabajo esclavo.

El reflejo devuelve una barba acorde con la indiferencia de la sociedad y el niste opaco de la exclusión. Si no fuera por mis ojos, juraría que estoy muerto. A lo mejor lo estoy y no me doy cuenta. Aventuro que comencé a apagarme cuando me dejaste. No era para menos. Luego de que la fábrica cerrara y nos dejara a todos en la calle, se hizo cuesta arriba conseguir un nuevo empleo. Por lo menos uno que tuviera una …