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El colectivo abandonado

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Por fin llovió. Las nubes plomizas están a punto de aplastarme. Alicia se echa a mi lado agitada. A pesar de los años, insiste en acompañarme y disfruta del paseo. Llego hasta el colectivo abandonado, en ese punto de la ciudad donde comienza el campo y la frontera desdibuja límites, da pie a los interrogantes, profundiza los secretos.

Infancia y algo más

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Aproximaciones al mar VI

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De aquel viaje quedaron lecturas, canciones a las que no regresé, una pintura que me obsequiaste, el murmullo del agua. También la arena bajo los pies, mi desconfianza en las mareas, noches o mañanas incendiarias que la edad nos permitía. No faltaba el té blanco en el desayuno y la única condición era desconectar los teléfonos. «El Yin Zhen se recolecta cuando nacen los primeros brotes, por eso es tan preciado, dejate llevar por el aroma». Ignoro si vendrás, pero lo cierto es que recorro la playa rodeado de adolescentes hormonales y la pausa que impone el flujo y reflujo del mar. A veces camino hasta nuestro peñasco si mis energías me lo permiten. Y aguzo el oído, con la esperanza de que el viento arrastre tu voz en el remitente sonoro de las olas.   Aproximaciones al mar V, está acá

Plegarias

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  Y este blog sigue, entre tropiezos, pausas y versos, buscando la magia que sirva de pretexto para evitar una clausura definitiva. En el intermedio, lecturas y más lecturas. El azar de compartir en una red social versos de Jorge , el ganarme de mano en un primer contacto, sus libros, el intercambio sobre los blogs y su (in)utilidad. Relación personal Las palabras que nunca dije resisten las otras son huérfanas (Jorge Curinao Relación Personal, en «Cactus»)   Quizás uno escribe para engañar la orfandad, la palabra, la que se arrima junto al sol de una primavera, consciente de su fracaso, de la imposibilidad de nombrar algo que alivie el deseo y la falta de la escritura. Tiempo Hablo del fracaso del poema de la resurrección de las palabras.   Hablo del silencio de las cosas que no existen de un corazón enjaulado en un jardín. Hablo de la música espacio privilegiado del ausente Hablo de mí.   (Jorge Curinao, Tiempo, en «Plegarias del mundo») Y entre acto y acto, lecturas. silencios, rod

A qué viene la noche si no es buscando pájaros

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Orden del día A qué viene la noche si no es buscando pájaros. Sobre la profundidad que abraza mi balcón, asisto sin palabras a la marea ciega y astuta, sus lápices infatigables, el pausado latido concéntrico de su corazón. Por eso he abandonado el sueño, saliendo de sus manos por un infinito estudio y una segura consecración. Ahora estoy enteramente en la actitud nocturna que las horas más graves exigen. Huyo de los relojes, establezco distancias invariables de mi cuerpo al llamado de timbres y campanas. Sostenido en mi balcón por una paciencia osada, miro llenarse la calle de topacios, en una sorda batalla de sustituciones, hasta que las aristas de toda construcción son arrastradas por la marea de lo que viene y las aguas de la sombra ascienden, con aspirados torbellinos silenciosos, hasta mi refugio. A qué viene la noche si no es buscando pájaros. Cuando está junto a mí, abro los brazos, la bebo profundamente y me dejo ir, ya olvidado de resistencias, como un halcón fulminando o un

Palmas en la calle

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El sol entibia la mañana, despeja el frío. O lo intenta. En la radio, información recurrente sobre una pandemia que no da tregua. Un tapabocas se seca en el tendal y alimenta la angustia. Palmas. Un hombre pide comida, ropa, atención. Trocamos bolsas de residuos que intento rechazar y no necesito por alimentos no perecederos. No hay sonido de las teclas, quizás porque no hay nada que decir o lo que hay es una trompada que quita la respiración. Día de pérdida de fe, de evitar los espejos, de remada imposible. Imagen de Ioannis Ioannidis en Pixabay

Zona de colaboraciones: fragmento de "Gil Wolf", de Humberto Bas

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Foto: Pixabay Gil Wolf - Fragmento ¿Cómo fue con Gil Wolf? ¿Cómo…? Nada puede saciar mi curiosidad; ni la explicitación detallada de cómo fue con Gil… Si algo se aproxima es intentando seguir sus huellas yemales, salivales, seminales; rasqueteando las hendiduras por donde anduvieron sus manos y su… Me siento fuera de mí por un capricho de la voluntad y tengo un arranque de virilidad desconocido. Ni la primera vez con mi finada Adelina sentí tal furor. No puedo sino desearla y desearla, y en esa repentina embriaguez me encuentro realizando acrobacias impensadas; ponerme de rodillas y reptar hacia sus entrepiernas; lo que aún no es mi gesto más indómito, sino el clavar mi nariz entre los pliegues de su hendidura; pero antes, mirarla; mirarla de arriba abajo y de abajo hacia arriba, entornando mi cabeza según el capricho del recorrido de la comisura; ver los labios entrecerrados en la inminente apertura; gotitas ambarinas que drenan resina de un árbol herido; y en eso tengo la composición